24 de mayo de 2009

Musivaria

Visto que en la entrada "mosaico" de la wikipedia apenas hacen un esbozo de la vastedad que implica este término, voy a intentar abrir un poco el horizonte de esta inigualable técnica decorativa. Más de un milenio antes de que a los impresionistas se les ocurriera lo de las manchitas de color y el efecto óptico de la distancia, el mosaico seguía este mismo principio.

De los más antiguos que se conocen están los paramentos mesopotámicos. Consisten en conos de arcilla que se incrustan en la pared por la parte puntiaguda, quedando a la vista la base del cono, que se pinta de colorines y así va haciendo dibujicos varios. En torno al 3500 a.C, parece.




(Esto ahora está transplantado a Berlín)




Puede parecer un tanto rústico en comparación con lo que vamos a ver después, pero el principio básico es el mismo.

De aquí nos vamos a ir a la cultura que perfeccionó la técnica adaptándola a sus necesidades: Roma. En esta línea de incrustar conos en la pared, ellos desarrollaron el llamado Opus reticulatum, que es exactamente lo mismo que lo anterior sólo que utilizando pirámides de arcilla de base cuadrada dispuestas en forma de retícula:




Esta solución tuvo un éxito brutal, porque protege el muro estupendamente y además queda elegante a la par que espartano. Se pueden altenar colores, si quieres algo más elaborado.

En cuestión de suelos, exploraron todas las soluciones posibles con ladrillo (testaceum, latericium, spicatum) siendo éste último el preferido. También es conocido como spina pesce, y se puede hacer con piedra, pero queda muy cutre.



Dentro de lo que se considera ya propiamente opus musium, mosaico de verdad, hay varias clasificaciones:

El Opus Sectile consiste en placas grandes de mármol de colores que encajan en plan puzzle, casi un trabajo de taracea en mármol. Vale tanto para dibujos geométricos sencillitos de regla y compás...


...como para cosas decentes como ésta. (Sí, la foto es muy cutre, echadle la culpa a los de la web de los museos capitolinos).



El Opus Teselatum es el que se nos viene a todos a la cabeza cuando pensamos en "mosaico".



Una vez más, puedes hacer cosicas geométricas sencillas o movidas que se caga la perra.



(Esto es de Mérida. A ver si un día me pongo a buscar fotos en condiciones)

El Opus Vermiculatum es otro cantar. Disminuye el tamaño de las piezas, lo cual aporta matices impensables. Hay veces que puedes ver un panel de lejos en un museo y creerte que es pintura...





Tras esta clasificación rápida, que concluiré comentando que la técnica es ir incrustando piedrecitas de colores de distintos tamaños y tal, pasamos al capítulo que me interesa especialmente: Bizancio.

En Bizancio, que les gustaba el lujo más que espantar Hunos, decidieron en algún momento que incorporar el oro al asunto de la musivaria podía tener efectos, cuando menos, impactantes. Plantar pepitas de oro paralelepipizadas debía de salir caro, así que se pasaron al siempre más barato recurso del pan de oro en la cara visible de un cubo de vidrio.

Pero, en Ravenna, en el baptisterio de los ortodoxos, dieron un pasito más... Y se les ocurrió meter el oro detrás del vidrio, de tal manera que se reflejase a través de él. El efecto sólo se aprecia cuando te paseas bajo esa cúpula y ves los detellos perseguirte.



¿Y todo esto para qué? Pues porque igual que hubo tanda de juicios finales, ahora toca tanda de mosaicos increíbles y brutales, y hacía falta una pequeña perspectiva. Cómo me encantan...

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

¡Dime cosicas bonicas!