Se ha acabado la serie The Tudors. A pesar de caer en picado en la tercera temporada y que la cuarta haya sido poco menos que testimonial, el vestuario y la ambientación han seguido, hasta el último momento, proporcionándome orgasmitos mentales y deseos subrepticios de llevar tiaras y vestidos de brocado, aunque nada como el atrezzo que me sacaba la Bolenilla (lo mejor de toda la serie, sin lugar a dudas). A este respecto, un blog que se ha dedicado a recopilar los coronones, diademas y tiaras que salen en la serie. Me permito deleitarme con el muestrario de mi enemiga de la cristiandad favorita:
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