24 de julio de 2008

Avida Dollars

Siguiendo con mi coleguilla catalán, paso a comentar uno de sus objetivos vitales. En sus propias palabras: “Hacerme, en lo posible, ligeramente multimillonario. Y así ha sido”. Hay que dar las gracias a André Bréton por su anagrama, (que según él sirvió para atraer al oro y al dinero hasta sus brazos), y que lo describe a la perfección.

Sus pretensiones se cumplieron ampliamente. Sus contemporáneos, como Buñuel, y él mismo, en otros escritos, comentan la impotencia que tenía Salvador Dalí a la hora de manejar el dinero. No era consciente del valor de los billetes, ni era capaz de comprar nada al contado; no sé si sería medio disléxico o simplemente había nacido para ser un (léase en tono peyorativo) señorito.

Ante la desgracia de encumbrados genios anteriores a él, que murieron en la más triste miseria (señala a Miguel de Cervantes y a Cristóbal Colón), quiere esforzarse por mejorar esas condiciones. Su concepto de la dignidad es un tanto extraño, pero él admite en algún escrito que siempre había sido "una cortesana", así que por lo menos iba con la verdad por delante.

Él mismo se aprovechó de los críticos y del sistema para hacerse de oro. Firmar cientos de hojas en blanco a cambio de dinero en metálico es sólo uno de los caminos que siguió para lograr dinero fácil, así como prestar su imagen para publicidad o mostrarse de parte del poder imperante en el momento: tenía claro lo que quería, y que lo quería en cantidades industriales, sí señor.

Aunque ni todo el dinero del mundo le libró de arrugarse, como todo hijo de vecino, al llegar a los ochenta años. Lo malo de la inmortalidad que consiguió es que es de las que no se puede estar vivo para disfrutarla.

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