3 de junio de 2010

Jerusalén sin salir de Bolonia

La Basílica de Santo Stefano es un maravilloso parque temático jerusalénico en mitad de la ciudad, aparte de un muestrario de construcciones medievales que hace al aficionado al piedro humectar, rezumar y/o babear. Hágase usted una idea:Cuando vas sin pensar en lo que te vas a encontrar y empiezas a pasar de espacio en espacio del centralizado al basilical y hasta el claustral, te va embargando una sensación de vuelta al pretérito donde, pese a no perder el papel de observador, casi llegas a vislumbrar un poco de lo y los que llegaron a pasar por allí. Se parece a la noción laberíntica que tienes en cualquier palacio/alcazaba currada hispanomusulmana (la Alhambra o la alcazaba de Málaga se me pasan por la cabeza ahora), de estancia en estancia, pero con el punto de austeridad mucho más acusado. Es difícil de explicar de memoria. No hay que olvidar llevarse la libretita para anotar impresiones.

Como, una vez más, está bastante bien explicada en la procelosidad internética, me limito a dejar la planta y el breve esbozo para poner los dientes largos. Quien pise Bolonia y lo obvie deliberadamente ha de arder en el infierno, ése tan minuciosamente representado muy cerquita, en San Petronio. Aun así, dejo también un alzado bastante mono para que se conviertan los indecisos:


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