18 de abril de 2008

Belleza


Recién sacado del fondo marino, importando una mierda a quién represente o quién fuese la modelo, ésta es una de las piezas que podría ilustrar las paranoias recientes de mi profe de estética... Esa experiencia en bruto ante la belleza, inverbalizable, el escalofrío; la forma incontrolable de llegar a la verdad que tanto miedo le daba a Platón al no poder racionalizarla.


Porque podría hablar de la postura y de la túnica mojada, y serían características vacías: lo que se siente al ver algo así, igual que empotrándose de repente con la Rondanini sin esperártela, está en el reino libre de conceptos que es el sentir. Sublime, imposible de aprehender... Si Diderot sólo pedía a los artistas que le conmovieran, de conocer a éste se le habrían caído sus enciclopédicas pantuflas.

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