21 de octubre de 2008

Juicio Final

Si hay algo divertido en la disciplina iconográfica más allá de la hagiografía, es un Juicio Final.

Suelen ir en la fachada occidental, en la tradición gótica y en ejemplos románicos europeos; en la bizantina y sus zonas de influencia, va en el interior de los pies de la iglesia, para que lo veas al salir de misa y te recuerde lo que está por venir para que te portes bien, pecador cabroncete. También puedes encontrártelos en sitios raros, como baptisterios.

Se basan, mayormente, en el texto del Apocalipsis. Para conocer al elenco de personajes que nos acompañará en nuestro viaje por estos episodios tan ocurrentes, usaremos dos ejemplos sencillitos, cada uno en su estilo. Comezamos por la pared occidental de la Capilla Scrovegni de Giotto, en Padova.

Nos situamos: Padova está a un tiro de piedra de Venezia y Venezia es zona de influencia bizantina desde siempre, así que aúna coletazos románicos con la tradición del Imperio Romano de Oriente.



El señor de rojo que hay enmedio chupando cámara es Dios. El redondelico que lo rodea, apuntad, se llama mandorla. Está sentado sobre el arco iris básicamente porque puede.

Sobre él, a los lados, hay un montón del angelitos en filas. Son, evidentemente, huestes celestiales. No salen siempre, pero si tienes una pared muy grande son un buen relleno.

A los lados, a su altura, hay doce señores, seis a cada lado. Son los Apóstoles, que como son colegas del jefe tienen entrada de palco principal para ver cómo ser desarrolla el asunto.

A nuestra izquierda y la derecha de dios, debajo, están los Buenos. El lado de los Buenos suele ser aburrido de cojones. Van todos en fila, muy bien colocados, serenos y felices, con angelitos al gusto.

A nuestra derecha y la izquierda de dios, están los Malos. Vemos cómo de la mandorla de dios sale un chorro rojo que se va convirtiendo en el Infierno: este es un elemento de tradición oriental, ojo. Los condenados son muy divertidos, no hacen más que moverse, e invariablemente siempre hay un demonio grande comiéndose a gente: Satán, Lucifer, como quieras llamarlo.

Debajo de dios está la cruz, con dos angelicos. La cruz en un Juicio Final vale para recordarnos que dios murió ahí por nosotros y gracias a eso ahora podemos resucitar y ser juzgados tan tranquilamente.

Abajo del todo vemos unos señores que salen de la tierra: es la Resurrección de los Muertos. También, y éste es un elemento particular de esta capilla, hay un señor arrodillado que hace entrega de la capilla a la Virgen y dos colegas: es el señor Scrovegni, ilustrando aquello de que puedes follarte monjas y decapitar gatos si luego tienes pelas para dedicar una iglesia y que te quiten los pecados.

Para la tradición gótica europea, usaremos como ejemplo el Juicio Final de Amiens, que es también sencillito, sin cosas raras.



En el piquito de arriba, hay un señor con dos espadas que le salen de la boca. Es una de las cosas que ve San Juan en el Apocalipsis: un anciano con dos espadas. Quedarse con su cara, que va a salir muchas veces.

A los lados, dos angelitos se llevan el sol y la luna, que en su devenir cíclico simbolizan el tiempo. Como el tiempo se ha acabado, pues hale, a guardar en el armario.


Debajo, otra vez dios, esta vez medio en bolas con las palmas de las manos levantadas: nos está enseñando sus llagas. Arrodillados a su lado, la Virgen y San Juan. Puede ser San Juan Evangelista (si tiene pinta de pibín barbilampiño) o San Juan Bautista (si va con greñas, barba y con piel de camello). Se supone que están intercediendo por nosotros, para que nos perdone un poco. En esa franja hay ángeles con instrumentos de la Pasión, que van en la misma línea que la cruz que veíamos antes en Giotto.

En el tercer registro, Buenos y Malos. Eso está claro, espero. Los buenos con los angelitos y los malos van a parar a la boca de un bicho con dientes, el Leviatán.


En el registro inferior, enmedio de la resurrección de los muertos al son de las trompetas de los ángeles, hay un tío (San Miguel) con una balanza (además de jefe de las huestes celestiales, el pobre tiene que andar pesando almas como el frutero, vaya). Vemos a un coleguilla sentado esperando que lo pesen, y un demonio cabrón intentando que lo malo pese más que lo bueno para así llevarse el alma. Esto es MUY típico.

Espero que os hayáis quedado con nuestros protagonistas. Muy pronto en sus pantallas, más...

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