20 de octubre de 2008

Santa Wilgefortis y la anorexia



Wikipedia mediante, una se entera de que esta señora, básicamente, no se quería casar. Para evitar el matrimonio, recurrió a la sutil táctica de dejar de comer; además, le salió pelo por todas partes. Escuchimizada e hirsuta, no había quien quisiera casarse con ella.

Vaya milagro de mierda.

Como cualquiera que se haya documentado un poco por internet sobre los TCA sabe, hay un momento en que el organismo está tan acojonado por la pérdida de peso y la falta de alimento que, para frenar la pérdida de calor corporal, crece lanugo por sitios extraños. De todas formas, para que te crezca pelo por el cuerpo y te sientas una cabra a ranchones también te vale con padecer ciertos desarreglos hormonales (como mi querido SOP), así que la variante de la leyenda en la que le creció la barba por ciencia infusa sigue teniendo explicación lógica.

En la Edad Media, de todas formas, lo del cuidado corporal no era ni prioridad ni obligación, mayormente porque se lo consideraba una cárcel carnal del alma. Todas las necesidades del cuerpo (como comer y follar) eran susceptibles de convertirse en pecado (gula y lujuria). Sin embargo, nadie te iba a mandar al infierno por matarte de hambre, al contrario: ayunar como un desgraciao, sacrificando las necesidades vitales, era propio de santos y espíritus en contacto con lo divino.

Hombre, si yo me tiro una semana sin comer también veo visiones y oigo voces, no te jode...

Además de Wilgefortis (Librada para los amigos de más al sur), tenemos a San Francisco de Asís, que se murió tísico y también le molaba lo de no comer; Santa Catalina de Siena le contaba estas movidas a su confesor, Santa Clara de Asís también seguía el rollo, y hasta Santa Teresa de Ávila pasaba del condumio.

Así que, pequeños saltamontes, pienso partirle los morros al primero que me diga que la anorexia es una enfermedad del siglo XX. Sean los condicionantes externos querer caber en una 32, el misticismo o la rebeldía porque sí, no son más que el color de la misma mierda. Algo en el cerebro se desenchufa en cierto moento y las excusas o razones que se dan para no comer, divinas o humanas, son el último de los problemas.

Para terminar, a quien le pique el gusanillo le recomiendo que busque el librico de Santa Anorexia, que por su reseña tiene bastante miga...

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