17 de enero de 2010

Altichiero


No le conoce nadie, pero este hombre es la repanocha con patatas bravas. Es un seguidor de Giotto, pero los señores que pinta no parecen tiendas de campaña, los fondos están mejor conseguidos y el color lo maneja de la hostia. Además, tiene un punto anecdótico-costumbrista graciosísimo con los niños, que parecen niños de verdad y no hámsters con artrosis. Las fotos que he encontrado en internet no le hacen justicia, y como en las capillas no te dejan hacer fotos, no puedo más que hablar desde mi memoria...

La gente pierde el culo con Giotto, y lo entiendo. Para empezar, si vas a ver la capilla de la Arena sólo de dejan entrar de diez en diez y te dan poco menos de un cuarto de hora para verla. Como te dé el síndrome de Stendhal, la has jodido, porque entre que te recuperas de la crisis de ansiedad y te quieres empezar a concentrar, te queda minuto y medio para analizar los frescos.

Giotto fue un hito y un avance. Es divertido encontrar sus soluciones para problemas terribles en función de perspectiva, comprobar la expresividad de cada uno de sus gestos; admirables sus avances en composición y su valor al plantar esa mancha amarilla histórica que es Judas en El Prendimiento.

Pero parece que sólo existió Giotto. Admito que en estos tiempos en lo que el arte se ve de pasada alguna vez si cae en eso que llaman "Sociales" (quien lo ve), o si tienes suerte en segundo de bachillerato, los pintores trecentistas que rescataron los pinitos de Bizancio y abrieron el camino al Quatroccento y a la conquista del espacio en pintura son una nimiedad que se resuelve diciendo que Giotto pintó un par de muros y a otra cosa, mariposa.

Hay mucho más. Altichiero, sin ir más lejos, se esconde en la mismísima Verona, y en Padova con una capillita cojonuda al lado del propio San Antonio, que la gente no visita por no pagar los dos euros que cuesta. Es lógico que les importe una mierda, porque nadie les ha contado de dónde viene y por qué. Mi reivindicación de Altichiero ha degenerado en una reflexión extraña acerca de todo lo que nos estamos perdiendo de este mundo simplemente porque no sabemos mirar. Yo veo una baldosa y la baldosa me la sopla, pero lo mismo voy con un geólogo y me dice "Mmmm... esas manchas negruzcas son trazas de pironimivita, con lo cual este gneis sólo puede ser de la cantera de Rebolledoso del Santo Pino. Tienen que haberles costado un pastón", o algo así. Y uno aprende. Pero, sin maestros, estamos más perdidos que un burro en un garaje.

(Sí, este es otro post rescatado del baúl de los recuerdos. Si alguien me lleva otra vez a Verona no voy a decir que no, por cierto)

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