25 de enero de 2010

Bacco malato

Con esta obra de Caravaggio ("El Lute", en mi imaginario particular) se pueden tratar infinidad de temas, pero hoy voy a circunscribirme a uno de ellos, una cosa tan tonta como el "no me puedo fiar de las fotografías, leches". La pintura, aparte de la composición, el dibujo y demás es, fundamentalmente, color. El color es luz. La luz es manipulable, y es terriblmente difícil plasmar en una imagen fotográfica la calidad que ofrece la contemplación directa. Estudiar pintura sin mirar los cuadros es terriblemente pobre. Vale que hay imágenes y reproducciones estupendas, pero siempre nos fiamos del criterio del señor que escribe los pies de página del cuadro/fresco en cuestión, sin tener la fuente primaria -es decir, la obra- ante nuestras narices. Si nos dedicamos a analizar una obra sin ese pie de página de un señor que la ha visto en directo y tenemos que enfrentarnos a huevo ante una foto, podemos meter la pezuña hasta el fondo.

Ejemplo gráfico:



¿En qué quedamos? ¿Tiene ictericia y una cirrosis del copón o no? ¿Son los colores cálidos y algo exaltados o, por el contrario, matizados por una veladura fría en forma de foco de luz directo que hace extremo el claroscuro?


Pues hasta que no te metes en la galleria Borghese y te das de narices con él no te das cuenta de que no tiene nada que ver con ninguna de las dos imágenes, sino que el halo de moribundez es sutil pero totalmente perceptible, viendo casi cómo se le están agrietando los labios, y el tremendo contraste con las uvas turgentes, o cómo hay alguna que se empieza a pudrir en el mismo racimo. Casi se percibe el olor dulzón de la fruta demasiado madura; como si, al tocarlo, se fuese a deshacer en una agüilla pegajosa, como una pera pasada. Eso, en la foto, no se ve.

Así que, hijos míos, agarrad el portante y aprovechad esos días que los museos son gratis -so ratas, que por soltar lo que vale un cubata una vez en la vida para pasearos entre historia no os vais a morir- y comparad. Vale que suele haber gente dando por saco, niños incluídos y excursiones estorbantes amén de guías explicando anecdotario gilipollético, que es lo que motiva al público general, pero vale la pena.

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