16 de mayo de 2010

El monasterio de La Oliva

Ponerme un monasterio cisterciense en el horizonte próximo es provocar al inquieto alien que habita en mis intestinos para que se dedique a mordérmelos hasta encontrarme enfrente del piedro en cuestión. La única forma de apaciguar al bicho impaciente es buscarle información para que se vaya entreteniendo.

Es el Monasterio de la Oliva el pedrusco que me acecha. Para empezar, quisiera yo que alguien me explicara por qué en mitad de Navarra -que no es precisamente tierra tropical, tú sabes mami- deciden darle la vuelta a la planta cisterciense de toda la vida


Que viene a ser, mayormente, éste


con su claustrico al sur, para que te dé cuanto más solecico, mejor y plantarle dicho elemente al norte, con las fresca.



¿Eran los monjes de Bilbao? Es una posibilidad. Mientras, quiero aprovechar a comentar al ápeiron que internet es un sitio maravilloso para subir planos de sitios, pero si no tienen una leyendica con la orientación y otra con la escala, hacemos un pan como unas tortas, p'a ese viaje no necesitamos alforjas y, finalmente, nos deja la información completamente coja. He dicho. Y me cabrea.

No confío en que me lo puedan explicar in situ, pero es otra de las cuestiones que no me moriré sin saber. El monasterio viene muy bien contado en esa cacho de trozo de pedazo de página que provee de información a todo adicto al románico que se precie, donde por cierto he advertido un par de cosas en las que quiero regodearme.

A pesar de las nervaduras que vemos en la cabecera, la iglesia es tardorrománica. No protogótica. Tardorrománica. ¿Por qué?



Bajemos un poco los ojitos y tendremos una pista.



¡Tachán! Unos cacho de trozo de pedazo de muracos de impresión, baby. Unos muros macizos, los Van-Damme de la cantería. No hay bóveda de crucería ni estudio de empujes que valga ni aligeración del paramento, tenemos unas ventanicas abocinadas que vale, dejan pasar luz y todo ese rollo místico que le gusta contar a los profesores para hacerse los filosófico-guays, pero bajo esos mismos parámetros, no pretende ni ascender ni desmaterializar el muro (toma).

Las cosas esas que parecen nervios vamos a llamarlas molduras decorativas, que es lo que son. Además, otro elemento clave que usamos para fechar un edificio en el tardorrománico son los pilares hispano-languedocianos, pilares con planta de cruz griega con dos semicolumnas adosadas en cada frente. Ésta iglesia, además de tenerlos, incorpora columnas en el codillo.

Finalmente, hay que hablar de la escultura de la portada de la iglesia. Está dentro de ese registro que podríamos llamar "ingenuo" o más bien "he aprendido a esculpir de oídas, no me pidáis demasiado". Obviando un poco la calidad técnica del hombrecillo que tuvo a bien representar lo que se le dijo, no puede pasarse por alto esta referencia a la autosatisfacción:

Ñam-ñam, slurp, slurp.

Hale, ahí queda eso.

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